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miércoles, 25 de agosto de 2010

La verdad sobre los diuréticos

Siempre se habla de diuréticos para bajar de peso. Para algunas personas es normal acudir a una de sus versiones naturales o farmacológicas, cuando quieren quitarse un par de kilitos de más y usar ese traje de baño que tanto les gusta o el vestido que compraron para asistir a un compromiso social en el que deben verse mejor que nunca.
 
El caso es que luego se ganan los kilos perdidos nuevamente con una rapidez asombrosa y, por supuesto, esto tiene una explicación. Además, esta manera veloz de bajar de peso no es muy sana y trae consecuencias en el organismo que se deben tener en cuenta.
 
¿Qué son los diuréticos?
Son llamados en inglés water pills (píldoras de agua) en su versión artificial o farmacológica. Esto último debido a su efecto en el organismo, que consiste en la expulsión de líquido a través de la orina y la sudoración.
 
Existen diuréticos naturales como las frutas y el agua, que contribuyen a la micción y, por tanto, se les incluye en esta categoría.
 
Riesgos
Es importante tener en cuenta que cuando no se tiene algún padecimiento que requiera una pérdida de líquido en el cuerpo, se corre el riesgo de descompensar el organismo y hasta provocar enfermedades.
 
Cuando se pierde líquido a través de la excesiva sudoración y micción, también se pueden perder líquido en órganos que lo requieren, sodio, potasio y hasta calcio, todos necesarios para el correcto funcionamiento del organismo. Esto trae como consecuencia un desequilibrio hidroelectrolítico y puede afectar hasta el ritmo cardíaco, si no se hidrata el cuerpo a tiempo.
 
Justamente, si se somete al organismo a una constante deshidratación, al afectarse el ritmo cardiaco y la tensión arterial con frecuencia, se puede terminar padeciendo de cardiopatías permanentemente.
 
Otro aspecto a considerar es que los diuréticos también pueden perjudicar el correcto funcionamiento de la tiroides y el equilibrio hormonal. Esto, en un tiempo prolongado, puede ocasionar menstruaciones irregulares, pérdida del apetito sexual y hasta infertilidad.
 
Asimismo, si se perjudica la tiroides debido a la deshidratación y se produce una baja hormonal, en el caso de la mujer de estrógenos específicamente, se perjudica la absorción de calcio y otros minerales en los huesos y, por lo tanto, puede producirse osteoporosis.
 
En suma, el uso indiscriminado de los diuréticos, puede traer consecuencias negativas en el organismo, que a su vez pueden desencadenar otras aún peores.
 
Uso médico
¿Cuándo los diuréticos son realmente necesarios? Pues, cuando se padecen enfermedades como la hipertensión arterial, insuficiencia cardiaca, diabetes, síndrome nefrótico, cirrosis hepática y síndrome premenstrual.
 
Vale decir que en estos casos, es un médico especialista el que definirá el tipo, la frecuencia y la cantidad de diuréticos a consumir. 
 
Si sientes que has estado comiendo mucha comida chatarra y quieres liberarte de toxinas, los diuréticos contribuyen a esto, pues te permiten hacerlo a través de la orina. Eso sí, lo ideal es que lo hagas de una manera natural, consumiendo algunos alimentos que contribuyen al proceso de micción de una manera suave y sin poner en riesgo tu organismo.
 
Así que no se trata de que vayas a ingerirlos en cantidades exageradas tampoco, sino en raciones normales, que se ajusten a las que acostumbras comer. Recuerda que cualquier abuso siempre trae consecuencias perjudiciales. Algunos alimentos diuréticos son: el melón, la patilla, el mango, la auyama, las semillas de girasol y el arroz.
 
El agua merece una mención aparte, pues es el diurético natural por excelencia y, además, beneficia al organismo. Mientras que hidrata los órganos, evita las infecciones urinarias, la formación de cálculos renales y permite la eliminación de toxinas.
 
Por lo general, son ocho vasos diarios lo que recomiendan los especialistas. Ahora bien, quienes padezcan algún problema renal, deberán consultar con su médico de confianza las cantidades de líquido, que deberán consumir, incluyendo el agua.

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